Informe Situación de los derechos humanos en el Noroeste argentino en 2008

En el transcurrir del bicentenario de su vida independiente, la República Argentina ha vivido una historia convulsionada en la construcción de un Estado que brinde democracia, justicia y paz al conjunto de su población. Las armas y el ejercicio de la violencia, legitima o no, han marcado los tiempos y los ritmos de una sociedad que también ha sabido luchar por la defensa de los derechos de muchos ante los privilegios de unos pocos. Así lo demuestra la larga pero efectiva resistencia contra el olvido que las leyes de Obediencia Debida y Punto Final quisieron imponer tras la caída de la última dictadura entre 1976 y 1983. El saldo de aquel “Proceso de Reorganización Nacional” fue de 30.000 personas desaparecidas y la incalculable destrucción de miles de familias.
Si bien la herida abierta por la impronta militar y los poderes fácticos sigue siendo una asignatura pendiente de toda la sociedad argentina e internacional, el arribo de la devastación neoliberal ha puesto en la agenda de los derechos humanos la observación de los efectos del modelo de desarrollo que acompañó su instauración y expansión hacia nuevos territorios.
La nueva revolución tecno-biológica, la posibilidad del capital financiero mundial para diversificar sus inversiones, la desregulación y el encogimiento del Estado así como la asimilación del discurso emanado de la aparente neutralidad de la ideología neoliberal, fueron tierra fértil para que un nuevo proceso de reorganización internacional definiera las capacidades productivas que cada región del mundo aportaría a la globalización.
Este informe relata la situación de hombres y mujeres que habitan en seis provincias de la ruralidad argentina. Sus testimonios son las voces de una realidad que no aparece en los números macroeconómicos de la riqueza y del bienestar del país. Pero a su vez, es la palabra de una realidad que no ha sido del todo considerada por las defensorías de derechos humanos que han dado la batalla contra la desmemoria de los crímenes de lesa humanidad y que, sin bajar la guardia, habrán de poner en la agenda estos oprobios en su lucha contra la injusticia

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